La exuberante naturaleza de la Península Valdés
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Península Valdés - 2007 |
La primera parada obligada es en el puesto de control "El Desempeño". Actuá como virtual cabina de peaje y se cobra el ingreso. En dólares, residentes en Chubut U$S 2, argentinos de otras jurisdiciones U$S 4 y extranjeros U$S 12 (precios a diciembre de 2023). La península no es un Parque Nacional pero sí es un área protegida. El puesto de control pertenece a la Administración del Área Natural Protegida Península Valdés, un Ente Público no Estatal creado por el estado de la provincia del Chubut, dedicado a administrar y gestionar la principal Área Natural Protegida del Sistema Provincial del Chubut, un sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, que recibe cerca de 350.000 visitantes al año.
Caleta Valdés - Pingüinos de Magallanes |
70 km de ripio por la Ruta provincial número 3 hasta Punta Norte. Observamos innumerables guanacos en estado salvaje desde antes de llegar al istmo Ameghino, que ayuda a morigerar lo tedioso del camino. Pero al llegar, que premio. Visitar por primera vez esos acantilados patagónicos es sobrecogedor. Hay pasarelas en muy buen estado que permiten una muy buena vista de la colonia de lobos y elefantes marinos que están en la playa. Muchos turistas europeos y baños en pésimo estado completan el panorama de la visita. Desde allí, utilizando el camino interno (tomamos RP 3 y RP 52) en lugar del costero que estaba en mal estado según nuestro guía, arribamos a un lugar de una belleza inigualable llamado Caleta Valdes. Ahí pudimos apreciar un pequeña colonia de pingüinos de la variedad Magallanes, guanacos varados en una lengua de tierra donde había subido la marea y, un par de kilómetros más adelante, en Punta Cantor, otra colonia de lobos marinos y pingüinos, nuevamente con pasarelas en muy buen estado y un sendero
Lobería de Punta Norte |
Lobería de Punta Cantor |
Seguimos rumbo al sur. Pasamos por Punta Delgada, dependencia de la Armada con un faro, lugar que se encuentra desde hace meses cerrado al público por razones que nadie nos pudo explicar. Allí se filmó el film hispano-argentino "El faro de las orcas". De ahí pusimos proa el oeste y bordeamos las dos salinas del sur de la isla (la chica y la grande, profundas depresiones naturales) y en esa zona nos cruzamos nuevamente con guanacos, choiques (ñandúes petisos), algunos con sus graciosas crías, martinetas, peludos o la interminable cantidad de ovejas recién esquiladas presentes por doquier. Aquí los campos no parecen tan rigurosos como en el norte de la isla y en algunos de ellos, con edificaciones cercanas, hasta vimos pasto, lo cual es mucho decir. Entre campo y campo, los guardaganados, diseñados para impedir el cruce del ganado, parecían colocados para romper adrede las ruedas de los automotores que circulan.
Nos debemos una visita para la temporada de ballenas. Comprometido.
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