Atenas: entre el mito y la vida cotidiana
Desde la hermosa Tesalónica abordamos un moderno bus que nos llevaría a Atenas en unas seis horas. Puntualmente, a las siete de la mañana de un domingo, partimos bajo un cielo encapotado. La ruta, como todas las que recorrimos en este viaje, era impecable. Dormir parecía una pérdida de tiempo para cualquier aficionado a la historia. Primero apareció el monte Olimpo, morada de los dioses. Más adelante, un cartel anunció las Termópilas. Finalmente, sobre la ladera de una colina, divisamos una ciudad cuyo nombre pesa por sí solo: Tebas.. Para ese momento la lluvia era persistente pero el pronóstico decía que en Atenas no llovía, y así fue. Descendimos una parada antes de la terminal final, lugar más cercano a nuestro hotel. La zona de la plaza Karaiskaki nos mostró, quizás, la cara más dura de Atenas. Gente en situación de calle, alcohol y drogas, veredas rotas, edificios destruidos. La calle de nuestro hotel era un poco mejor, un barrio lleno de chinos y otras etnias asiáticas, con ...