Sofía, la tranquilidad y grandeza de una capital casi provinciana
La referencia a Sofía como capital casi provinciana se basa en su tamaño y ritmo, no desmerece en nada la hermosa ciudad que visitamos y recorrimos con avidez y entusiasmo. Ante la vorágine y el ritmo de otras capitales y grandes ciudades europeas, Sofía sorprende con arquitectura destacada, barrios multiculturales, elegancia femenina y unos alrededores extremendamente modernos así como también rutas que serían la envidia de nosotros los argentinos.
Día 1: Llegada desde Budapest
El arribo fue por bus aproximadamente a las 14:00 hs y nuestro hotel Aris (http://www.arishotelsofia.com/) fue elegido por su cercanía con la estación de buses de las cuales extrañamente hay dos, separadas por una calle y a la vez, otra calle las separa a ambas de la bonita estación central de trenes. Exóticos destinos en los Balcanes nos llamaron la atención recorriendo la misma. Asimismo, hay paradas de metro y tranvías frente a las estaciones nombradas por lo cual el lugar se convierte en un importante nudo de comunicaciones. Volviendo al hotel, cumplió con las expectativas.
El barrio del hotel era tranquilo y como sucede en partes de Sofía, conviven modernas construcciones con muchos edificios soviéticos, algunos de ellos en mal estado. Un enorme hotel casino impacta sobre la avenida María Luisa y caminando un poco hacia el centro aparece el bonito Puente de los Leones. Levantando la vista, la arquitectura es más tradicional y se ve la montaña Vitosha con su cumbre aún cubierta de nieve.
Metro mediante llegamos al centro de Sofía en 2 estaciones, trayecto que bien pudimos haber hecho caminando. Las estaciones son espaciosas y modernas, la frecuencia adecuada para la cantidad de gente que los utiliza.
Según lo planificado, visitamos el Mercado Central (hoy es un moderno supermercado), el tradicional Mercado de las Mujeres y recorrimos la peatonal principal de la ciudad llamada Boulevard Vitosha, elegante y lleva de comercios gastronómicos, en uno de los cuales tuvimos nuestro "brunch" dada la hora. También vimos por fuera varias de las atracciones que visitamos los días subsiguientes, como por ejemplo las ruinas de Serdika, asentamiento original romano.
Día 2: lo imprescindible
Usando el tranvía por primera vez, visitamos el Museo de Historia Regional de Sofía, un lugar básico para entender la historia de la ciudad y también del país. Ubicado en el corazón de la ciudad, anteriormente albergaba los Baños Minerales Centrales. Fuera del edificio aún se conservan fuentes de agua mineral, con la cual los habitantes de Sofía llenan todo recipiente que tienen a mano. Algunos más osados directamente la beben, teniendo en cuenta la temperatura de la misma. El precio es accesible y a través de 8 salas, obtenemos una vista de la Bulgaria neolitica, romana, religiosa, real y comunista. La audio guía no nos funcionó como tampoco le funcionó el inglés a la amable persona que vendía las entradas para ayudarnos con ese item.
El recorrido siguió por el llamado Largo, la plaza que concentra la mayoría de los edificios gubernamentales, algunos de indiscutible traza soviética. Es el lugar de los festejos y protestas. Observamos algunos edificios emblemáticos de la zona, que tiene como distinción callejera adoquines amarillos. Técnicamente no son adoquines sino que fueron fabricados en Austria y le confieren a las calles un aspecto muy particular. Antiguamente, se decía que alguien era de "adoquines amarillos" si nacía en esa zona y lo asociaban a gente rica.
Pasamos por el Palacio presidencial y esperamos hasta que se efectuó el corto y preciso cambio de guardia. De allí partimos a ver quizás la máxima atracción de la ciudad. La Catedral de Alexander Nevsky. Es uno de los símbolos más emblemáticos de Sofía y una de las mayores catedrales cristianas ortodoxas del mundo. Fue construida entre finales del siglo XIX y principios del XX en honor a los soldados rusos caídos durante la liberación de Bulgaria del dominio otomano. Destaca por sus impresionantes cúpulas doradas, su arquitectura neobizantina y su rico interior decorado con mosaicos e iconos religiosos. Asimismo es de destacar la ausencia de bancos o sillas en el interior de la misma, por lo menos durante nuestra visita. Al salir, es imperdible darle una vuelta de 360° por su perímetro.
Volviendo al centro de la ciudad, vimos la iglesia de San Jorge, que está insólitamente ubicada en el patio interior de palacio presidencial. Es muy antigua y se construyó sobre un templo pre cristiano. Durante la ocupación otomana funcionó como mezquita. Es muy pequeña y está profusamente decorada como casi todos los templos cristianos ortodoxos.
Finalizamos el día tomando una cerveza en el Puente de los Leones rodeados de hermosa arquitectura clásica.
Día 3: lo inesperado (el casamiento)
Paseamos por el centro, encontrándonos con otra calle peatonal más modesta llamada Pirotska. Fue la primera peatonal de la moderna Sofía. Allí desayunamos con un panificado tradicional de Bulgaria llamado "Banitsa"(es un bollo muy tradicional en Bulgaria preparado mediante diversas capas de huevos y diversos trozos de queso "sirene" entre pasta filo y que luego se introduce en un horno).
Encontramos diversos mercados callejeros y vimos una Iglesia Ortodoxa rumana, la Sinagoga Sefaradí y la Catedral de San José (católica). Sumado a los templos cristianos ortodoxos búlgaros y a la mezquita Banya Bashi, a la zona se la llama la Plaza de la Tolerancia, que no es una plaza propiamente dicha sino una zona simbólica donde conviven templos tan diversos.
Desde allí con el tranvia 10 nos fuimos hasta la zona de Lozenets donde dentro de un bosque urbano se encuentra la simpática estación Vishneva donde descendimos. Caminamos un rato hasta el shopping Park Center, igual a los shoppings de todas partes del mundo. Regresamos al centro en metro para ver lo faltante.
Ingresamos a la iglesia cristiana ortodoxa de St Nedelya donde tuvimos el placer de sentarnos y ver un casamiento, y luego fuimos a la mezquita Banya Bashi, donde días antes no pudimos visitarla porque se encontraban en hora de rezo con gente incluso orando en la vereda con alfombras prolijamente dispuestas.Una nueva caminata en búsqueda de turismo religioso y encontramos la llamada Iglesia Rusa de Sofía, oficialmente la Iglesia de San Nicolás. Pequeña, oscura y atractiva.
Sofía terminó siendo una agradable sorpresa. Sin la monumentalidad de otras capitales europeas ni la fama turística de Budapest o Estambul, encontramos una ciudad cómoda para recorrer, rica en historia, marcada por la convivencia de culturas y religiones, y con una identidad propia que se recorre de manera muy relajada, hay turismo pero no masivo.
De regreso fuimos nuevamente espectadores del cambio de guardia de la Presidencia y recorriendo lugares ya conocidos, volvimos al hotel para preparábamos para tomar el bus que nos llevaría a Estambul, en búsqueda del vuelo que nos traería de regreso a Buenos Aires.














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