Aegina, el paraíso a una hora de Atenas

Nuestro viaje a Grecia tenía como objetivo conocer una de sus casi mil islas. Es parte inherente a su cultura. Las hay muy conocidas, íconos del jet-set y de los millonarios, de la vida de Onassis pero también de la cultura micénica, del coloso de Rodas y de ciudades centenarias.

Las conocidas Mykonos y Santorini nos resultaban demasiado turísticas para un corta visita, más allá de los problemas temblorosos de Santorin el año pasado. Necesitábamos algo más cerca y que combinara belleza e historia. Idra y Spetses se apuntaron como candidatas, la elección recayó en otra isla que no conocíamos y que, además de reunir todo lo que buscábamos, tenía la ventaja de estar muy cerca de Atenas. Egina, o Aegina como la llaman los griegos.

Egina fue una de las principales potencias marítimas y comerciales de la Grecia antigua, gracias a su estratégica ubicación y su poderosa flota. Desarrolló una gran riqueza mediante el comercio y fue una de las primeras ciudades griegas en acuñar monedas de amplia circulación.

Durante los siglos VI y V a. C., mantuvo una intensa rivalidad con Atenas por el control de las rutas comerciales y la influencia en el mar Egeo. Las tensiones culminaron cuando Atenas derrotó a Egina en el contexto de las Guerras Médicas y posteriormente la sometió a su hegemonía. Tras perder su independencia política y naval, Egina quedó eclipsada por el creciente poder ateniense, aunque conservó importancia cultural y religiosa.

Con el correr de los años, sufrió diversas invasiones, despoblaciones e inmigraciones que la sumergieron en el olvido. La mayoría de su población actual es de procedencia albanesa. Volvió a la vida durante la independencia de Grecia a principios del siglo XIX, porque fue su efímera primera capital por dos años.

Hoy es accesible desde el puerto de El Pireo por varias compañías de ferries, con un tiempo de viaje que oscila entre 40 minutos o 1 hora 20 minutos dependiendo de las compañías. Hay desde naves super veloces a otras muy lujosas junto a ferries que llegan a Egina como primera parada de viajes a otras islas Sarónicas.


El viaje en ferry es hermoso. Al aproximarse a la isla, miles de gaviotas se aproximan al barco, así como también divisamos delfines saltando sobre la blanca estela que íbamos dejando. Con el puerto de Aegina a la vista, la imagen era casi fantástica.

El Plaza Hotel nos recibió con una ubicación inigualable y una atención fantástica. Frente al mar y a pocos metros del paseo marítimo y del puerto. El primer día lo utilizamos para recorrer a pié la capital de la isla, a la cual también llaman Aegina y un par de playas en los alrededores. 

Aegina es conocida como la isla de los pistachos y su comercialización está presente en todos lados. Su frente costero está lleno de restaurantes y bares, algunos sofisticados, así como también con una gran cantidad de embarcaciones, tanto locales como de turistas. Vimos una que nos llamó la atención por su nombre, y lo tuvimos que chequear con su dueño. Era de Gdansk, Polonia, la antigua ciudad alemana de Dánzig. Busquen en un mapa y verán el por qué de nuestra sorpresa.


Las playas cercanas a la ciudad son chicas de agua cristalina, no era verano pero la temperatura era totalmente soportable. Los turistas que fueron por las mismas, disfrutaron del mar Egeo.

Esa noche disfrutamos de una cena a orilla del mar frente al hotel. La comida muy buena, el precio accesible y los meseros super atentos. La puesta del sol fue un corolario adecuado para un día inolvidable. 


Al día siguiente alquilamos un vehículo para recorrer la isla. Nos tocó un Fiat Panda casi 0 km híbrido. Fue un lindo desafío y una novedosa experiencia un auto de esas características. La isla se recorre en un rato, su perímetro costero es de 57 km. Los caminos son muy estrechos pero todos en muy buen estado, Pese a su tamaño, Aegina tiene muchos lugares para conocer y se los contamos en el orden de nuestra visita:

Templo de Afaya: Construido alrededor del año 500 a.C, es más pequeño que el Partenón pero está mejor conservado. Es el único templo dedicado a la diosa Afaya, relacionada la fertilidad y el ciclo agrícola. Un pequeño pero hermoso museo corona la recorrida. Hay hermosas vistas desde el lugar al encontrarse en un punto alto de la isla.

Agia Marina: pequeño pueblo costero cercano al templo anterior. Se destaca por su larga playa de arena y aguas poco profundas


Monasterio de Agios Nektarios: Está dedicado a San Nectario de Egina (1846–1920), obispo, teólogo y monje muy venerado en el mundo ortodoxo. El santo vivió sus últimos años en Egina y fundó un convento en el lugar donde hoy se levanta el monasterio. Impacta por su tamaño y colores en medio del verde de la isla. Es un lugar muy visitado.

Paleochora: Situado a metros del lugar anterior, Paleochora fue la capital medieval de Egina entre los siglos IX y XIX. La población se trasladó allí desde la costa para protegerse de los ataques de piratas que asolaban el mar Egeo. El asentamiento estaba construido sobre una colina fortificada y llegó a albergar decenas de pequeñas iglesias y capillas bizantinas. Hoy se conservan las ruinas del antiguo pueblo y unas 30 iglesias, muchas con frescos medievales. El lugar es sobrecogedor.


Pérdika: Al sur de Aegina se encuentra este hermoso puerto de pescadores, que tiene una ribera llena de restaurantes especializados en pescado. Se llega rápidamente de Aegina por una ruta costera repleta de complejos y lugares de alquiler. Frente al puerto está la isla de Moni, deshabitada pero con un par de bares en la playa que se pueden visitar.

Volvimos a Aegina, devolvimos el auto y nos quedó más de una hora para recorrer su frente marítimo y respirar profundamente ese aire mágico.

Un moderno ferry nos devolvió a El Pireo, y desde ahí un corto viaje en Metro nos llevó a nuestro hotel en Atenas.




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