Una tarde en un baño turco en Estambul

En Turquía, los baños turcos se llaman Hamam (o Hamamı en turco, escrito localmente con "ı" sin punto). La palabra proviene directamente del árabe حمّام (ḥammām), que significa "agua caliente" o "baño de vapor". A medida que la cultura islámica se expandió, el término se adoptó en la lengua turca para denominar a las casas de baño público. Cuando los turcos otomanos conquistaron Constantinopla en 1453 (la actual Estambul), se encontraron con la rica tradición de las termas y baños romanos y bizantinos.

Los otomanos los multiplicaron y los llevaron a todo su Imperio. Hoy en Estambul hay muchísimos, pero podríamos distinguir dos tipos: Los turísticos y los baños turcos para locales. Para vivir una experiencia auténtica, elegimos uno del segundo tipo y allá fuimos. 

Voy a relatar mi experiencia en primera persona. La de mi esposa, en el sector femenino del Hamam, no fue la mejor y la dejamos para otro posteo.

Antes de viajar investigamos y encontramos uno bastante cercano al hotel reservado llamado Kadirga Hamami (https://kadirgahamami.com/). Cercano, tradicional, precio accesible, allá fuimos un día antes a ver el lugar y pudimos hablar con una de las personas del lugar que nos indicó con un cartel escrito en inglés, precios y horarios. Era el único de ellos que hablaba unas palabras en inglés, mínimas. El resto de sus compañeros ni una palabra. No se necesita reserva previa y como se ve en la imagen, los horarios son amplios.


Kadirga es el nombre de un barrio y también de una calle de Estambul (justamente donde está este lugar). En la época bizantina, en esta zona funcionaba un puerto estratégico (el Puerto de Juliano / Puerto de Sofía).

El cartel de la entrada da como fecha de construcción del Hamam en 1734. Ese dato ya solo es sobrecogedor. Eso veníamos a buscar. Ingresamos y nos separaron por sexos. Yo me quedé en esa recepción y mi esposa se fue a vivir su aventura a otro lugar.


Me recibieron unos hombres de aspecto tosco que me indicaban todo por señas o en turco directamente. Primero les pagué, solo aceptan efectivo en la moneda local. Me dieron ojotas, toallas y señalaron un cambiador, una habitación con llave donde podía dejar mi ropa y desvestirme. Les dije que prefería estar con malla, a lo cual accedieron. Cuando salí, me indicaron donde debía ingresar y ahí todo cambió. Enorme estancia toda de mármol, vapor, agua, canillas, una especie de plataforma lisa y una puerta que me llevaba al primer paso.

Me la señalaron y me dijeron "sauna". Adentro. No era el típico sauna de madera nórdico sino un lugar en consonancia con el resto, todo de mármol gris claro. Me encontré ahí con otro cliente, un joven ruso cuya esposa estaba en ese momento en el sector de mujeres. La temperatura del sauna era muy elevada y no sabíamos bien cuánto tiempo debíamos permanecer ahí. Cuando nos cansamos, salimos y aparecieron otras dos personas que siguieron con las indicaciones en turco.

Nos hicieron sentar en bancos obviamente de mármol, nos empezaron a arrojar agua fría y caliente para luego seguir con un baño de espuma en la cabeza. Luego, con unos guantes bastante rugosos, nos los pasaron por todo el cuerpo. No les quiero exagerar que me arrancó la piel, pero la limpieza fue muy profunda.


Otra indicación con la mano y me indicó que me acostara en la plataforma, tipo camilla gigante de mármol. Ahí comenzó con los masajes por todo el cuerpo, de manera bastante enérgica. En una de las piernas hasta me quedó una marca de la presión que ejerció. El ambiente era brumoso por el vapor imperante en toda la sala. Al finalizar, me indicó que me pusiera de pie y nuevamente la indicación en lenguaje internacional fue "¡sauna!. Me volví a encontrar con el ruso con quien compartimos la impresión que los masajes eran muy enérgicos. Tampoco nos indicaron cuánto tiempo permanecer, así que cuando lo estimamos suficiente, salimos. 

Nuevamente nos sentamos en los lugares anteriores y nos volvieron a arrojar tanto agua fría como caliente. Es de destacar que las sensaciones eran buenas a pesar de un servicio que parecía un poco brusco. Nos dieron nuevas toallas para que nos secáramos, a mí particularmente me dieron una bolsa de nylon para poner mi malla mojada y salimos al hall principal. 

Nos ordenaron sentarnos y apareció otro de los turcos que nos envolvió en otras toallas, tanto cuerpo como cabeza. En esos momentos me bajó un poco la presión pero nada que preocupara. Mientras tanto, en una de las habitaciones de esa planta baja, mientras uno de ellos cocinaba algo desconocido, otro de ellos se vistió y comenzó la oración islámica que correspondería a ese horario. Otro de los turcos en cambio, en una habitación de la misma planta, llevó las toallas a una máquina de lavar del tipo industrial. Con el ruso seguíamos sin saber cuanto tiempo permanecer ahí. Me paré y le señalé el cuarto donde estaba mi ropa y asintió con la cabeza. 


Me cambié y cuando salí, uno de ellos me comenzó a hablar en turco, agarrándose la cabeza y señalando a la calle. Miré y mi esposa ya me estaba esperándo afuera. Nos saludamos cordialmente y al salir mi esposa me contó su experiencia. Yo salí diciendo "mañana vuelvo" y ella me dijo "no regreso acá ni loca". Pero esa es otra historia.


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