Happy birthday, dear Alice ♫♫♫ !!
El avión llegaba puntual al aeropuerto de Salta. Nos recibió uno de los choferes de la empresa, con el cual teníamos mucha confianza. Abrazos de rigor. Al salir del aeropuerto, el calor de enero nos pegó como una trompada en la cara. Ya en la camioneta, nos preguntó con cara de asombro: "Muchachos, ¿qué vienen a hacer acá en enero?"
El trabajo informático nos obligaba a hacer grandes cambios en épocas de baja actividad. En este caso, íbamos a migrar una central telefónica Siemens. 170 kilómetros nos separaban de nuestro destino laboral, pero apenas dejamos el aeropuerto, el chofer me preguntó como de costumbre: ¿Querés pasar por el Mercado San Miguel? ¡Obvio!.
La primera jornada laboral transcurrió sin mayores sobresaltos. Nos alojamos como de costumbre en dependencias de la empresa en la cual trabajábamos, donde al lado de dicho alojamiento se encontraba una imponente mansión de color rosa, donde estaban las habitaciones de los dueños y de los principales directivos, cuando viajaban. En la misma había dos comedores, uno modesto para empleados de menor nivel como nosotros, otro lujoso, distinguido, con un mueble espectacular con las iniciales "MJC" talladas, que había pertenecido al ex presidente Miguel Juárez Celman. Mi carrera en la empresa terminó en el nivel inferior al que me hubiera permitido alojarme en dicha sala.
Esa noche, luego de una extensa jornada, fuimos a cenar al comedor de referencia. Eramos los dos únicos huéspedes en el alojamiento y al mismo tiempo, los dos únicos comensales. Teníamos mucha confianza con las chicas que administraban y daban servicio a ambos lugares.
Algo nos sorprendió al ingresar al comedor. Todas las chicas estaban impecablemente vestidas con uniformes negros con ribetes blancos, prolijamente peinadas. Se notaba algo de nerviosismo. Iban y venían del comedor principal, desde el cual empezamos a escuchar voces. No estábamos solos.
Seguramente comíamos la misma deliciosa comida, pero lo que no eran iguales eran la vajilla, el vino y el servicio.
De repente, entre las conversaciones y risas que escuchábamos, se oyó la celebración: "Happy birthday dear Alice, happy birthday to you!!". Noté que todo el personal había desaparecido, seguramente hacían coro y palmas en el comedor principal para participar del momento. Y desde ese instante, mi mente se nubló, confundí tiempo y espacio y me sentí en una colonia inglesa en algún lugar remoto del mundo. Fue raro. El entorno, el calor, el trópico, la tez cobriza de las chicas del servicio y el feliz cumpleaños en inglés, me trasladaron a Nairobi, Bombay o a algún otro lugar exótico del extinto Imperio Británico. Escuchamos los ruidos de las copas de cristal del brindis, aparecieron las chicas del servicio, terminamos el descomunal postre y nos retiramos, sin saber quienes eran.
A la tarde del día siguiente la tarea estaba concluida y nos dirigimos a la entrada principal de la mansión a esperar al transporte que nos llevaría al aeropuerto. Era enero, y el jet privado de la empresa no viajaba al norte durante todo el mes, eligiendo destinos más atractivos para los dueños.
Allí nos encontramos con dos matrimonios mayores que eran los que durante la noche previa festejaron el cumpleaños que escuchamos. Uno de ellos era hermano del principal accionista de la empresa, y durante muchos años fue el número 1 de la misma. Nos saludaron muy cordialmente y es de notar que estas personas en estas circunstancias muestran su mejor cara. Son amables al máximo. Mantuvimos un breve diálogo jugos de naranja de por medio hasta que subimos a la VAN que compartimos.
Llegamos sin novedad a Buenos Aires, eso sí, sin saber cual de las dos mujeres era Alicia.



Comentarios
Publicar un comentario