E n el año 1994 me casé. Los gastos que tuvimos hacían difícil que pudiéramos tener una luna de miel en un lugar soñado pero, por sorpresa, una gran colecta hecha por mis compañeros de trabajo a la cual se plegaron los dueños de la empresa motivó que en pocos días tuviéramos la chance de elegir un destino paradisíaco para la luna de miel, amén de contar con un resto de dinero para pagar unas cuántas cuotas del préstamo que obtuvimos para comprar nuestro primer departamento. Me recomendaron una agencia de viajes muy profesional y rápidamente me pusieron sobre la mesa las opciones. La idea era ir al Caribe y por precios, combinación de vuelos, poco tiempo para elegir y un genuino interés propio por conocer ese país, la elección fue Cuba. Volamos por VIASA, la compañía venezolana que ya en esa época pertenecía a Iberia y poco tiempo después desapareció. Un vuelo inicial nos llevó de Buenos Aires a Caracas, y tras una espera de tres horas, otro vuelo nos depositó, ya muy tarde, en La ...