Hungría: ¿adiós a Viktor Orbán? Ahí estuvimos.
El 9 de mayo de 2026 arribamos temprano a Budapest procedentes de Atenas. Vuelo tranquilo y emocionante ya que uníamos dos ciudades que habíamos deseado conocer desde siempre.
El día de nuestra llegada era políticamente muy importante para el país: Viktor Orbán dejaba el poder después de 16 años y asumía Péter Magyar, un antiguo integrante de su partido que terminó convirtiéndose en su principal rival político. Nosotros teníamos entradas para visitar el Parlamento húngaro el día 10, pero un email recibido unos días antes canceló la visita debido a los compromisos protocolares surgidos a partir del evento que comentamos.
Particularmente, Viktor Orbán es uno de los líderes políticos a los que más atención presto. No solo comparto la mayoría de sus ideas, sino que también considero que tuvo la muñeca política necesaria para llevarlas a la práctica. Por eso, queríamos conocer la Hungría que dejaba tras sus 16 años de gobierno.
El aeropuerto de Budapest Franz Liszt (en honor al gran compositor y pianista húngaro) es pequeño, ordenado y eficiente. Unos carteles dentro del mismo ya nos advertían como era Hungría.
Salimos por un costado de la plaza con un poco de esfuerzo y seguimos recorriendo Pest en nuestro primer día en la ciudad.
¿Cómo vimos la Hungría que dejaba Orbán?
Acotando nuestra visión al recorrido de 4 días por Budapest, pudimos observar:
Un país que apuesta por la familia como célula básica de la sociedad, algo que se refleja tanto en sus mensajes públicos como en las políticas de apoyo a la natalidad y a las familias impulsadas por Orbán.
Una ciudad limpia y ordenada, con un excelente sistema de transporte público.
Una presencia de inmigrantes mucho menos visible que la que habíamos observado en otras ciudades europeas.
En los comercios y servicios que frecuentamos, encontramos mayoritariamente empleados húngaros.
Salvo en las inmediaciones de la terminal de autobuses, prácticamente no vimos personas en situación de calle o pidiendo dinero.
Una ciudad que nos transmitió una gran sensación de seguridad. El único momento de cierta tensión fue la espera del autobús que nos llevaría a Sofía: entre las 23:30 y las 2 de la madrugada, permanecimos en la vereda del parque Népliget. Fuera de la presencia de un par de personas que parecían estar bajo los efectos de alguna sustancia, no ocurrió nada.
Los meses posteriores a este momento ya empiezan a mostrar la impronta del nuevo gobierno y creemos que nada bueno se avecina. Nos gustaría en un próximo viaje comprobarlo con nuestros propios ojos, en la bellísima Budapest.




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