Atenas: entre el mito y la vida cotidiana
Desde la hermosa Tesalónica abordamos un moderno bus que nos llevaría a Atenas en unas seis horas. Puntualmente, a las siete de la mañana de un domingo, partimos bajo un cielo encapotado.
La ruta, como todas las que recorrimos en este viaje, era impecable. Dormir parecía una pérdida de tiempo para cualquier aficionado a la historia. Primero apareció el monte Olimpo, morada de los dioses. Más adelante, un cartel anunció las Termópilas. Finalmente, sobre la ladera de una colina, divisamos una ciudad cuyo nombre pesa por sí solo: Tebas.. Para ese momento la lluvia era persistente pero el pronóstico decía que en Atenas no llovía, y así fue.
Descendimos una parada antes de la terminal final, lugar más cercano a nuestro hotel. La zona de la plaza Karaiskaki nos mostró, quizás, la cara más dura de Atenas. Gente en situación de calle, alcohol y drogas, veredas rotas, edificios destruidos.
La calle de nuestro hotel era un poco mejor, un barrio lleno de chinos y otras etnias asiáticas, con sus comercios y costumbres. Sin embargo, a apenas cincuenta metros de allí comenzaba otra ciudad. Llegando a la conocida calle Athinas y doblando a derecha, el inmortal relieve de la Acrópolis nos dio la formal bienvenida desde las alturas. Posiblemente uno de los momentos más emocionantes del viaje.
Atenas tiene algo de Roma: basta caminar unas pocas cuadras para encontrarse con una nueva ruina. Sea imponente, importante o algo pequeño, por todos lados se encuentran recuerdos de la antigua Atenas y también del Imperio Romano. Después de esto, aparecen las iglesias bizantinas y luego hay un largo parate hasta la época moderna.
Describir todo lo que vimos sería extenso y quizás aburrido. Vayamos por la parte del mito.
De la Acrópolis poco queda por agregar. Tuvimos tickets sacados desde Buenos Aires para el primer horario, 8:00 hs. Sumamente recomendable comenzar la visita bien temprano, más tarde la cantidad de gente aumenta, con decenas de tours, guías privados y enormes grupos de personas de cruceros.
El Museo de la Acrópolis está al pie de la misma y es de líneas supermodernas y con un contenido inigualable. Nosotros lo hicimos un día después que visitamos la Acrópolis, recomendaría que el orden fuera el inverso. Desde el Museo se ve la Acrópolis desde sus amplios ventanales vidriados y su terraza. Pero la estrella del lugar son las originales Cariátides del Erecteión de la Acrópolis. Hay cinco y el lugar de la sexta está perfectamente visible. Los reclamos de Grecia a Inglaterra por la devolución de la misma, aún son infructuosos.
El Ágora Romana, ágora de Atenas, biblioteca de Adriano, templo de Zeus, Kerameikos, y un largo etc, son atracciones que se pueden ver desde afuera si uno no tiene un gran interés en datos puntuales o no tiene demasiado tiempo. O dinero para las entradas.
El estadio Panathinaiko fue construido sobre un estadio anterior y fue sede de los primeros Juegos Olímpicos modernos celebrados en 1896. Se encuentra en el centro de Atenas, en el distrito de Pangrati al este del Jardín Nacional de Atenas y el palacio Záppeion, y se lo puede ver perfectamente desde fuera. Está íntegramente construido en mármol. El palacio Záppeion tiene zonas visitables y en el parque mencionado, se encuentran esparcidos mosaicos romanos y restos de antiguas construcciones de la misma época.
Muchas iglesias bizantinas salpican la ciudad, algunas de ellas de tamaño muy pequeño. La moderna Atenas las ha respetado en sus lugares originales de manera admirable. También, hay una mezquita en plaza Monastiraki, hoy reconvertida en Museo y de la cual, si uno no investiga o pregunta, pasa desapercibida su función anterior.
Más allá de los monumentos, Atenas se disfruta caminando. Sus barrios permiten pasar de la Grecia clásica a la ciudad contemporánea en cuestión de minutos.
Plaza Monastiraki: es uno de los lugares más animados de Atenas, donde convergen siglos de historia, mercados tradicionales y una intensa vida urbana. Desde allí se disfrutan vistas de la Acrópolis y se accede a algunos de los barrios más emblemáticos de la ciudad, como Plaka, Psiri y Syntagma.
Plaza Omonia: es uno de los principales nodos de transporte y encuentro de Atenas, situada en el corazón de la ciudad moderna. Tras varias remodelaciones, se ha convertido en un punto de referencia urbano rodeado de comercios, hoteles y algunas de las avenidas más importantes de la capital griega. A media tarde, se llena de comunidades inmigrantes de India y zonas cercanas. Se comunica con la plaza anterior por la calle Athinas.
Plaza Syntagma: es el centro político y ceremonial de Atenas, presidida por el edificio del Parlamento griego y la Tumba del Soldado Desconocido. Es un lugar clave para observar el cambio de guardia de los evzones. Allí nace la distinguida calle peatonal Ermou, que discurre dirección Monastiraki.
Plaka: es el barrio más antiguo y pintoresco de Atenas, conocido por sus calles estrechas, casas neoclásicas y ambiente tradicional a los pies de la Acrópolis. Pasear por sus rincones permite descubrir tabernas, pequeñas tiendas y una atmósfera que combina la historia de la ciudad con la vida cotidiana de sus habitantes.
Otras lugares dignos de visitar son la comercial calle Adrianou; el barrio Anafiotika, construido por habitantes de las islas griegas en las laderas de la Acrópolis a semejanza de las casas de las islas, el exclusivo barrio de Makriyanni que gira en torno al Museo de la Acrópolis. Recorrer Psiri muestra un barrio con construcciones en decadencia, llenas de arte urbano y locales gastronómicos de especialidad, como por ejemplo Little Kook.
Atenas es una ciudad para caminar y descubrir. Para disfrutar de su gastronomía y de la hospitalidad de su gente. Y para recordar, a cada paso, que pocas ciudades del mundo han influido tanto en la historia de la humanidad.
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| Pericles |






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