Tesalónica, Macedonia, Aristóteles, Alejandro Magno

Cuando estudiábamos la Grecia clásica, Macedonia prácticamente no existía. Nos hablaban de Atenas, Tebas, Esparta, Halicarnaso, Troya, Epiro, Delfos, Creta, Rodas y Corinto, así como de sus líderes, guerreros, filósofos y artistas. Pero un día, casi de la nada, apareció el ejército macedonio.

Bajo el mando de Filipo II primero y de su hijo Alejandro después, derrotó a las ciudades griegas y emprendió la conquista de buena parte del mundo conocido.

Por entonces, no me quedaba claro si los macedonios eran una suerte de primos lejanos de los griegos que habitaban las montañas del norte o si, como sostenía el ateniense Demóstenes, no eran más que unos “bárbaros”.

Luego de un viaje con mucho retraso, llegamos un 1º de mayo a Tesalónica. Capital de la región de la Macedonia griega moderna (no confundir con el país Macedonia del Norte), es la segunda ciudad griega en importancia y población. Fue fundada por el rey Casandro de Macedonia, cuñado de Alejandro Magno, y su nombre fue un homenaje a su esposa Thessalonikē. También se la conoce como Salónica.

Por la ciudad pasaron, además de los macedonios, los romanos, los bizantinos, los cruzados y los turcos otomanos, que recién se retiraron en 1912, dejando la ciudad en manos griegas, luego de un dramático intercambio de población. Muchos de los judíos expulsados de España encontraron refugio en Tesalónica y, en 1917, un incendio dejó más de media ciudad en cenizas. Además, el creador de la Turquía moderna, Mustafá Kemal Atatürk, nació y se crió acá.

Pero la historia es solo una parte de Tesalónica. A continuación, compartimos nuestra experiencia durante dos días en esta fascinante ciudad.

La ciudad se divide entre la parte baja y la alta. Esta última no fue afectada por el incendio de 1917, mientras que la zona baja, cercana a la costa, fue totalmente reconstruida y hoy presenta una planta urbana moderna, con edificios de altura similar y reminiscencias grecorromanas. El trazado también es moderno, en cuadrícula. Amplias avenidas, calles bien diseñadas y una costanera —sin playa— hermosa y distinguida.

Plaza Aristóteles

La plaza principal se llama Aristóteles. Allí hay una pequeña estatua del famoso filósofo, tutor de Alejandro, y el espacio está enmarcado por edificios simétricos y restaurantes de muy buen nivel. Está sobre la costa y desde allí parte una hermosa avenida hacia la ciudad alta.

Torre Blanca
Del lado del puerto se encuentra el barrio de Ladádika, de calles angostas y empedradas, lleno de bares y restaurantes , donde reina un clima jovial. Asimismo en esa zona se encuentran los famosos mercados Kapani y Modiano, este último, extrañamente cerrado y sin fecha de apertura concreta. Los establecimientos gastronómicos continúan casi ininterrumpidamente por la avenida costanera hacia el este, hasta casi toparse con la Torre Blanca, símbolo de la ciudad.


La Torre Blanca es el símbolo más reconocible de Tesalónica y se levanta sobre la costanera de la ciudad, frente al golfo Termaico. Fue construida por los otomanos en el siglo XV, probablemente sobre una fortificación bizantina anterior, y durante siglos funcionó como bastión defensivo, prisión y lugar de ejecuciones. Debido a ese pasado, llegó a conocerse como la “Torre de Sangre”. Tras la incorporación de Tesalónica a Grecia en 1912, fue blanqueada y rebautizada como Torre Blanca, buscando dejar atrás su asociación con la ocupación otomana. Hoy alberga un museo sobre la historia de la ciudad y ofrece una de las mejores vistas panorámicas de Tesalónica.


Cerca de la misma, se encuentra la estatua de Alejandro Magno, sobre la costa. Girando y mirando hacia el golfo Termaico, aparecen lejanas algunas montañas que esos días de mayo aún presentaban nieve en sus cumbres. Una de ellas, la más alta, es el monte Olimpo. Fue un momento muy emocionante.

Alejandro Magno

Tesalónica tiene varios museos y en sus calles se encuentran muchas ruinas, fundamentalmente de la época romana. Entre ellas, se destacan la Rotonda o Rotunda de Galerio, y el arco de Galerio. Hoy son estructuras que están separadas, pero en su época compartían el mismo conjunto arquitéctónico. (Galerio, fue emperador romano entre los años 305 y 311.). Asimismo, hermosas iglesias de la época bizantina aparecen por doquier (algunas de tamaño mínimo) así como también, pero en menor número, alguna obra que dejaron los otomanos. A pesar de haber estado aproximadamente 500 años en Tesalónica, su legado no se nota fácilmente.

Arco de Galerio

Ya hablamos de la Torre Blanca y su origen otomano. En la Rotonda de Galerio, contruyeron un minarete cuando la convirtieron en mezquita y el mismo aún permanece en dicho lugar. Pero hay una tercera atracción que es masivamente visitada por los turcos en su visita a la ciudad. Se trata de la casa natal de Mustafá Kemal Atatürk. Hoy en dicho solar funcionan tanto el consulado turco como el museo en lo que fue la casa mencionada. Pequeño, muy ordenado, prolijo y documentado, es una visita recomendada en la visita a la ciudad. El ingreso es gratuito. 

Casa natal de Atatürk

Para finalizar esta descripción de la ciudad, no podemos dejar de destacar su línea de metro. Inaugurada en 2024, atraviesa Tesalónica de este a oeste, paralela al mar y a apenas cinco o seis cuadras de la costa. Como es lógico, sigue en proceso de expansión. Durante las obras de construcción se hallaron numerosos vestigios de las distintas civilizaciones que pasaron por la ciudad, muchos de los cuales hoy se exhiben en las estaciones, integrándose armoniosamente a su diseño. Por último, la línea destaca por su excelencia tecnológica y por la calidad de sus instalaciones, acordes con los estándares más avanzados del sector. Utilizarla resulta una experiencia sumamente agradable, a lo que se suma la cordialidad y profesionalismo de su personal.

La mención de Tesalónica en una charla informal con un ateniense días después nos reveló la admiración que esta ciudad despierta en el resto del país, donde suele ser considerada la más distinguida. Un elogio más que merecido.

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